Este año se cumple 75 años de la desaparición del maestro Miquel Llobet. Fue el 22 de febrero de 1938, en plena guerra civil y a punto de ser bombardeada Barcelona. Ennegrecida como Barcelona quedó la historia de uno de los más importantes músicos que ha visto nacer la ciudad condal.

Reconocido en el mundo entero como ilustre intérprete, venerado e interpretado por maestros y alumnos del instrumento, en su ciudad natal goza de unas breves menciones en forma de placas en su última residencia y ahora desde el mes de febrero en su casa natal. También se reconoce al personaje por su majestuosa colección de guitarras, únicos ejemplares en el mundo entero, que con gran orgullo se exhiben en el Museu de la Música de Barcelona como una de las colecciones más importantes del mundo.

Carente de prepotencia y sobrado de humildad, nunca sobrevoló su ego en las altas esferas y siempre mantuvo la misma actitud de generosidad al compartir escenarios, la misma que le ofrecieron en contadas ocasiones sus tortuosos inicios en París a principios del siglo XX. Nunca alardeó de sus triunfos, siempre fue discreto y solo contaba sus anécdotas en un entorno familiar. Fallecido el maestro, su hija Miguelina contó una anécdota:

…la invitación privada a la mansión del magnate del mercado automovilístico Henry Ford, a petición de su gran amigo e inventor Thomas Alva Edison quien tuvo ocasión de ver pero no escuchar su virtuosismo, debido a una sordera contraída desde muy niño. El caso es que esta audición privada, se convirtió en un experimento ultrasónico, donde las notas sonoras salían de la boca de la guitarra para el disfrute del resto de comensales, mientras Edison con un lápiz entre dientes y apoyado en el mástil de la guitarra, concentro sus esfuerzos en las ondas sensoriales que proyectaba el instrumento. Un resultado memorable, sintiéndose el inventor el único privilegiado por haber podido estar tan cerca de la interpretación del gran maestro.